El ocaso de las ROM para Android: gracias por todo, pero no os echaremos de menos

Pasar la tarde o el fin de semana trasteando con diferentes ROM de Android es cosa del pasado para muchos. Tienen garantizado su lugar en la historia de la tecnología reciente, pero están mejor fuera de nuestra vida.

Durante años los grandes aficionados al sistema operativo de Android tomaban las redes sociales para pregonar la nueva fé. La verdadera fé del sistema operativo abierto que llegaba a nosotros en los albores de la amenaza del iPhone y la BlackBerry. Justo cuando parecía que Symbian estaba derrotando a Windows Mobile… otro sistema operativo cerrado se cernía sobre las tropas de la libertad.

Android, hasta la versión 4 ó 4.1, era un sistema operativo inmaduro, un montón de parche sobre parche apilados en busca de un sentido. Su principal arma era una incansable infantería de hackers profesionales y amateur que tocaban, cambiaban, personalizaban el software de sus terminales en búsqueda de la permutación perfecto. La innovación sin pausa, la eterna reforma y la búsqueda de evolucionar el sistema operativo era la obsesión para muchos.

A estas modificaciones del software, cuando tomaban una envergadura suficiente, se les denominaba “ROM”. El término que, por sus siglas en inglés, define la memoria de solo lectura. Aunque estuviera físicamente en el mismo chip que permitiera escritura, el sistema operativo se encargaba de hacer que el usuario no pudiera modificar esa parte. En cierto sentido se convirtió en sinónimo del propio sistema operativo.

Aunque había personalizaciones que cuidaban el diseño —o no lo modificaban—, otras hacían y permitían verdaderas atrocidades.

Aunque había personalizaciones que cuidaban el diseño —o no lo modificaban—, otras hacían y permitían verdaderas atrocidades.

El tiempo libre, habilidad técnica, y posibilidades crearon una sopa primordial que propuso las condiciones perfectas para que la industria de las ROM eclosionara. Algunas de las más populares, como CyanogenMod, han evolucionado en grandes empresas de software. Hace un año, Cyanogen recibía 70 millones de dólares de parte de, curiosamente, Microsoft. Hoy, Cyanogen es ya un jugador más de la industria y viene instalado en varios smartphones. El hobby de Steve Kondik, alias Cyanogen, su fundador, se convirtió en un importante negocio.

Fuente

Inevitable ocaso

Deja un comentario